El mes de abril ha vuelto a traer males noticias sobre el empleo. 926 sevillanos han acabado en las listas del paro en el mes de marzo y ya son 219.908 los desempleados en la provincia de Sevilla, un lamentable récord histórico que no para de crecer.
926 parados, un número que esconde 926 historias de 926 sevillanos que han visto truncada su vida de manera dramática.
Las cifras del paro dichas en un informativo o leídas en un periódico pueden parecer a veces simples datos que sólo constatan la buena o mala situación económica de un país.
Pero son mucho más. Detrás de cada cifra del paro, de cada desempleado, se esconde una historia personal, un drama de alguien que de repente ve truncada su vida porque se ha quedado sin trabajo.
Sin trabajo todo son problemas. Dificultades para pagar la hipoteca, la luz, el alquiler, la cesta de la compra. Dificultades para llegar a final de mes y para mirar el futuro con optimismo.
Un país razonable no se puede quedar impasible viendo como cada día miles de sus ciudadanos se van al paro.
La gente tiene derecho a tener un trabajo, a tener un futuro, y sus gobernantes tienen la obligación de crear las condiciones necesarias para que se cree empleo.
Que una provincia como Sevilla cuente con uno de cada cuatro personas en paro o con casi la mitad de sus jóvenes sin empleo no es normal. Significa que el Gobierno no está haciendo las cosas bien y que hay que cambiarlas cuanto antes, porque la gente necesita un trabajo y lo precisa cuanto antes, porque su vida no puede esperar a que algún día surjan brotes verdes mientras ven como se marchitan sus proyectos por culpa de un gobierno ineficaz.

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